Vuelta al sol número 50
Hoy tengo mi vuelta al sol número 50 años. Una edad que asusta a muchos de mi generación, pero yo la abrazo con amor y respeto. Hoy escribo estas palabras desde un lugar muy distinto al de hace unos años, y quiero que conozcas mi historia.
En 2020, atravesé el punto más bajo en mi salud. Mi cuerpo estaba sumamente inflamado, costaba caminar, levantarse de la cama, costaba encontrar motivación para crear. Uno de los síntomas más difíciles de sobrellevar era la psoriasis que me salía en distintas partes del cuerpo, atacando principalmente mi cabeza y mis manos. Hubo momentos en que mis manos sentían como si estuvieran en carne viva, lo que me alejaba de mi proceso creativo, ya que siempre he usado mis manos como pinceles, regando pintura por todo lo que tocaba.
Empecé a usar pinturas más eco-amigables y, finalmente, encontré un método de acuarela con pigmentos naturales. Fue entonces, en marzo de 2020, cuando me regalé un taller de pigmentos naturales en Nuevo México, en mi cumpleaños número 45. Sin saberlo, ese viaje cambiaría mi vida por completo. Conectar con la tierra nativa, su energía, su historia, su cultura, fue la mejor medicina que pude encontrar. De ahí, seguí hacia Arizona, a la tierra de los Navajos. Recorrer la ruta 66 sola, entre grandes formaciones rocosas, me dio un sentido de logro que pocas veces he experimentado. Vi el Gran Cañón, Antelope Canyon, Painted Desert, Horseshoe Bend, entre otros lugares mágicos. Observé a artesanos Navajo, experimenté el arte nativo, y sentí todo lo que es casi imposible de describir cuando te sumerges en esas tierras tan especiales.
Al regresar a casa, Florida, la pandemia comenzó, y con ella mi salud empeoró. Me recetaron tratamientos potentes, pero mi cuerpo no respondía bien. Estaba en cama, incapaz de caminar. Mis órganos estaban inflamados, y mi pelo caía aún más. Pero todo eso fue necesario para salvarme del abismo en el que me encontraba. Fue entonces cuando recordé mi viaje a las tierras sagradas de los Navajos… y me dije: “Esto también lo voy a lograr”. Comencé mi proceso de sanación alternativa, lo que hoy llamo Elixir de Creación.
Mi patio se convirtió en mi refugio, mi doctor, mi shaman. Salía a hacer grounding, meditaba, practicaba “breathwork”, escribía en mi diario, y tomaba hierbas curativas en mis rituales de té. Creaba arte con plantas, con piedras, pintaba descalza sobre la grama, abrazaba árboles y respiraba el aire de los pinos. Escuchaba el canto de los pájaros y admiraba mis pavos reales.
Los pavos reales se convirtieron en mis confidentes, mis maestros. Se dice que el simbolismo de estas aves es “Renacimiento y Transformación”. Y, en ese patio de Winter Park, Florida, en 2020, comenzó mi proceso de transformación. Me preparó, mente, cuerpo, alma y espíritu, para lo que hoy llamo mi renacimiento.
Tras un año de tratamientos que no me hacían bien, decidimos buscar alternativas. Una de ellas era una inyección costosa, que el plan dejó de cubrir a los 6 meses y costaba $2,000 dólares. Fue entonces cuando en el 2021 me volví más intencional aun con mi sanación, que incluía también cómo me alimentaba. Mi pasión por la cocina y la creación de platos nutritivos se convirtió en una fuente de satisfacción y gratitud.
Además de lo físico, trabajar con las heridas emocionales, la tristeza, la decepción y la depresión fue crucial. La terapia psicológica, mi art journal y la escritura se convirtieron en mis aliados más confiables para mi salud mental.
La ecoterapia también fue uno de mis remedios favoritos. Tanto así que, en 2022, me certifiqué como guía de Shinrin-yoku o “Baño de Bosque”. En el Shinrin-yoku, los fitoncidas son la medicina por excelencia. Los estudios han demostrado que la exposición a los fitoncidas aumenta la actividad de las células NK (Natural Killers), que son responsables de identificar y destruir células cancerígenas. Estos fitoncidas se encuentran principalmente en los árboles de pino, de los cuales tenía tres en mi patio.
En un baño de bosque, uno camina sin prisa, usando los sentidos, dejando de lado la tecnología y buscando la atención plena. Las visitas al jardín botánico de mi pueblo y las escapadas a la playa y los manantiales de Florida también se convirtieron en parte de mi ritual de sanación.
Para 2023, mi salud física estaba casi completamente restablecida. Ya no tomaba tantos medicamentos, solo uno. Fue entonces cuando, después de mi cumpleaños número 48, mi momento torre llegó. En abril, tomé la decisión de separarme de mi pareja y viajar a Puerto Rico por un compromiso con mi negocio de viajes. No sabía que no regresaría a Florida, que los pavos reales ya no estarían en mi día a día, y que Puerto Rico sería mi refugio. En agosto de 2023, finalicé mi divorcio, después de casi 20 años de relación. Ahora, la segunda parte de mi transformación, inspirada en el simbolismo de mis amados pavos reales, comenzaba.
Esta vez, sabía cómo manejar mi cuerpo cuando el estrés y la depresión lo desbordaban, pero aún me tocaba sanar el corazón y mi alma, elevar mi espíritu lo más alto posible. Llegué a Puerto Rico para fusionarme con la naturaleza, hacer caminatas y senderismo con grupos de mujeres, círculos de mujeres en el mar en luna nueva, yoga en el Morro en luna llena, camping en las montañas con temazcal, arte de naturaleza, y llorar desde lo más profundo de mi corazón por todo lo que me dolía.
En 2024, me embarqué en un viaje de descubrimiento y amor propio. Recorrí diferentes destinos, tanto de trabajo como personales. Visité la tierra de mis ancestros en Andalucía, España, tatuándome la frase “Todo Pasa” en Granada. Vi los Cherry Blossoms en Maryland y DC, observé osos perezosos en Costa Rica, conocí la tierra mágica de Japón, donde regulé mi sistema nervioso, y hablé con un monje budista en Corea del Sur, quien, después de una ceremonia de té, me recomendó fluir y no aferrarme al pasado. Luego, en octubre, viajé a México, llenándome de arte, cultura y tradición con el Día de los Muertos, para finalizar el año con un viaje a Turquía, incluyendo un paseo en globo que fue el regalo más hermoso del universo. 2024 fue un verdadero regalo, y aunque las lágrimas seguían aflorando, el proceso de sanación continuaba.
El viaje a Japón despertó mi curiosidad por la meditación Zen y el Reiki, prácticas que acompañan perfectamente al Shinrin-yoku y seguir fortaleciendo mi ritual de té.
Comencé 2025 con el alma más tranquila, el corazón agradecido y en paz. Sigo visitando la montaña y el mar, me certifiqué en Reiki 1, me compré un cuenco tibetano y pronto tomaré una clase de cuencos cantores. Estas medicinas, junto a mis rituales de té, de meditación, de trabajo energético, comida que sana, arte y expresión creativa, como la fotografía, el art journal, la pintura, el collage y el arte con la naturaleza, han formado mi metodología personal, que llamo Creation Elixir.
Hoy, recibo mis 50 años en renacimiento y lista para lo que sigue. Agradezco al universo y a la fuerza superior por sus enseñanzas, abrazando mi espiritualidad única, mi creatividad, mi personalidad y todos esos elementos que me hacen ser yo. Hoy en día, no tomo ningún medicamento, puedo caminar 5 millas y voy por más. Puedo crear de muchas maneras y formas, y cuando me miro al espejo, me gusta lo que veo. No se trata de la apariencia, si no de lo que veo en mi escencia. Me abrazo, me acepto mi imperfección y agradezco que tengo más días de sonrisas que de lágrimas.
No soy perfecta, mi vida no es perfecta, pero vivo plenamente en agradecimiento de lo que soy y lo que tengo. Aprendí, que cuando vivimos en constante stress y ansiedad, el cuerpo pasa factura, así que hay que escuchar las señales que nos envía. Vivir en el presente y foméntalas la atención plena…me ha salvado. Sé que esta no es la realidad para otras personas que padecen de una condición auto-inmune, pero esta es mi honesta historia.
Hoy, me digo a mí misma: “Lo lograste. Renaciste. Lo lograste, como lograste guiar sola en la ruta 66 por la Nación Navajo. Lo lograste, renaciste, y aunque el futuro es incierto, lo que sí sé es que hoy, es una vida llena de esperanza, salud, arte, aventuras y muchas ganas de seguir viviendo”. Como decía el mensaje que te traían los pavos reales y guardianes de mi proceso de sanacion…”Sheila, te transformaste y renaciste”.
Feliz Cumpleaños #50 a Misma… importas, vales y mereces.
(Agradezco a mi grupo de apoyo: mis amistades, mi familia, mi entorno. Sin ellos, no estaría aquí contando estas palabras.)